Hipertensión Arterial

HIPERTENSIÓN ARTERIAL

8/26/20263 min read

Tensión alta: qué es, síntomas, causas y qué hacer

La tensión alta, conocida médicamente como hipertensión arterial (HTA), es una enfermedad en la que la presión que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias se mantiene elevada de forma persistente.

Es una de las enfermedades cardiovasculares más frecuentes y, en muchas ocasiones, puede pasar desapercibida durante años porque no suele producir síntomas claros. Sin embargo, cuando permanece sin controlar puede aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares, renales y cerebrovasculares.

¿Qué significa tener la tensión alta?

La presión arterial se expresa mediante dos cifras:

  • Presión arterial sistólica (PAS): corresponde a la presión cuando el corazón se contrae y bombea sangre.

  • Presión arterial diastólica (PAD): corresponde a la presión cuando el corazón se relaja entre latidos.

Una medición de, por ejemplo, 140/90 mmHg representa una presión sistólica de 140 mmHg y una presión diastólica de 90 mmHg.

Los límites utilizados para definir hipertensión pueden variar según las guías clínicas y el lugar donde se realiza la medición. Por ello, una única medición elevada no es suficiente para diagnosticar hipertensión. Es necesario valorar varias mediciones realizadas correctamente y, en determinados casos, utilizar la medición domiciliaria o la MAPA (monitorización ambulatoria de la presión arterial).

¿Cuáles son los síntomas de la tensión alta?

Una de las principales características de la hipertensión es que puede no causar ningún síntoma.

Cuando la presión arterial es muy elevada, algunas personas pueden presentar:

  • Dolor de cabeza.

  • Mareos.

  • Alteraciones de la visión.

  • Palpitaciones.

  • Dificultad para respirar.

  • Dolor en el pecho.

  • Malestar general.

Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos de la hipertensión. Por eso, la única manera de saber si la presión arterial está elevada es medirla.

¿Por qué puede subir la tensión?

La hipertensión puede estar relacionada con diferentes factores. En la mayoría de los adultos se trata de una hipertensión primaria, en la que intervienen múltiples factores y no existe una única causa identificable.

Entre los factores que pueden favorecer la aparición de tensión alta se encuentran:

  • Edad.

  • Antecedentes familiares.

  • Sobrepeso u obesidad.

  • Consumo elevado de sal.

  • Sedentarismo.

  • Consumo excesivo de alcohol.

  • Tabaquismo.

  • Estrés.

  • Alteraciones del sueño.

  • Algunas enfermedades.

  • Determinados medicamentos.

En otros casos existe una causa identificable, como una enfermedad renal, alteraciones hormonales, apnea del sueño o determinados medicamentos. En estas situaciones se habla de hipertensión secundaria.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa en mediciones repetidas de la presión arterial.

La presión puede medirse en consulta, en el domicilio mediante AMPA (automedida de la presión arterial) o durante un periodo prolongado mediante MAPA.

La medición domiciliaria puede ser especialmente útil porque permite conocer los valores de presión arterial en el entorno habitual y detectar situaciones como la hipertensión de bata blanca o la hipertensión enmascarada.

¿Qué consecuencias puede tener la tensión alta?

Cuando la hipertensión permanece elevada durante mucho tiempo, puede producir daño progresivo en diferentes órganos.

Entre las principales complicaciones se encuentran:

  • Enfermedad cardiovascular, incluyendo infarto de miocardio.

  • Accidente cerebrovascular (ictus).

  • Insuficiencia cardiaca.

  • Enfermedad renal crónica.

  • Daño vascular.

  • Retinopatía hipertensiva.

El riesgo aumenta cuando la hipertensión se combina con otros factores como tabaquismo, colesterol elevado, diabetes, obesidad o sedentarismo.

¿Qué hacer para bajar la tensión?

El tratamiento depende de los valores de presión arterial y del riesgo cardiovascular de cada persona.

Las medidas relacionadas con el estilo de vida pueden contribuir a mejorar el control de la presión arterial:

  • Seguir una alimentación equilibrada.

  • Reducir el consumo de sal.

  • Aumentar el consumo de frutas, verduras y otros alimentos saludables.

  • Realizar actividad física regularmente.

  • Mantener un peso saludable.

  • No fumar.

  • Moderar el consumo de alcohol.

  • Dormir adecuadamente.

  • Controlar el estrés.

En determinadas personas también es necesario utilizar medicación antihipertensiva. El tratamiento debe ser individualizado y seguir las indicaciones del profesional sanitario.

No se debe suspender ni modificar la medicación por cuenta propia, aunque las cifras de presión arterial hayan mejorado.

¿Cuándo es una urgencia?

Una presión arterial muy elevada requiere especial atención cuando se acompaña de síntomas que pueden indicar una complicación grave.

Es necesario buscar atención médica urgente ante una elevación importante de la presión acompañada de:

  • Dolor intenso en el pecho.

  • Dificultad para respirar.

  • Confusión.

  • Pérdida de conocimiento.

  • Debilidad o pérdida de fuerza de un lado del cuerpo.

  • Dificultad para hablar.

  • Alteraciones importantes de la visión.

  • Dolor de cabeza intenso acompañado de síntomas neurológicos.

Conclusión

La tensión alta o hipertensión arterial es una enfermedad frecuente que puede permanecer sin síntomas durante mucho tiempo. Por ello, medir periódicamente la presión arterial es fundamental para detectarla.

Una vez diagnosticada, el control de la presión mediante hábitos saludables, seguimiento médico y, cuando sea necesario, tratamiento farmacológico permite reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares, renales y cerebrovasculares.

La hipertensión no debe valorarse únicamente por una cifra aislada. Lo importante es conocer la evolución de la presión arterial y realizar un seguimiento adecuado.

Aviso: Este contenido tiene finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario.